Por Claudio Torres, Regional Manager Cono Sur de D-Link

Hace algún tiempo, en un evento de aulas abiertas al que me invitó DUOC UC, pregunté a un grupo de estudiantes de último año cuántos de ellos tenían amigos que nunca habían visto en la vida real y unos pocos levantaron la mano. Ese mismo día, repetí el ejercicio con estudiantes escolares de cuarto medio y el resultado fue impensado: Todos se sentían identificados con esa afirmación. A pesar de esa brecha generacional, hay un hecho patente: el desarrollo de comunidades virtuales que jamás se han visto de manera presencial.

No es raro entonces que, niños y adolescentes no se vieran mayormente afectados por la pandemia porque son una generación que creció sumergida en la tecnología y están acostumbrados a tener amigos virtuales. Por esto no es raro pensar que cuando les toque entrar al mundo laboral dentro de 10 o 15 años ya tendrán incorporadas habilidades y competencias digitales, así como un pensamiento lógico diferente al que podemos encontrar en la fuerza laboral actual.

Y es que, a mayor digitalización, mayor es la necesidad de contar no sólo con personas que sepan utilizar correctamente las nuevas tecnologías y realizar tareas de una forma más eficiente, sino de personas que puedan relacionarse de una manera diferente. Sin embargo, esto conlleva un gran desafío para los proveedores de dispositivos tecnológicos, para apoyar por ejemplo el uso responsable por parte de los usuarios al momento de interactuar a través de internet. Mayor cantidad de dispositivos tecnológicos y a una velocidad de conexión cada vez mayor, implica un crecimiento exponencial de servicios, pero también implican mayores riesgos de seguridad.

Claudio Torres, Regional Manager Cono Sur de D-Link.

¿Será necesario que las empresas creen espacios de conexión que obliguen a los usuarios a conversar, generar una cercanía y desarrollar una relación para así formar una comunidad que se acompaña a pesar de la falta de contacto físico? es algo que los expertos en trabajo en equipo y relaciones laborales, deben resolver empezando hoy mismo.

En lo que sí debemos ocuparnos de inmediato, es que los hábitos de interacción y consumo de Internet por parte de nuestra población y menores sean seguros, pues la capacidad “técnica” de relacionarse con las herramientas tecnológicas no garantiza el uso apropiado de las mismas. Según la Quinta Radiografía Digital de VTR, menos de la mitad de nuestros niños, niñas y adolescentes menores de 17 años verifica la veracidad de los datos que publica al compartir información con sus pares, y apenas un 11% conoce en qué consiste la “huella digital” o el rastro que su interacción en la red deja para siempre, por eso es tarea de los padres enseñar la forma apropiada de relacionarse con sus pares, tal como nuestros padres nos acompañaron en la plaza o el patio de juegos.

Conocer los efectos de nuestra navegación por internet, qué significa participar en redes sociales, qué se logra con nuestras publicaciones o comentarios en la red, qué tan sensible es la información que estoy comunicando o compartiendo, así como tener el hábito de utilizar dispositivos y redes seguras, son algunos de los puntos que se deben abordar con una “alfabetización digital” de los ciudadanos, en pos de generar verdaderas comunidades con una navegación segura a través de la web.

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Karina Durney