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Santiago : tierra de emprendedores solitarios

La capital chilena ha apostado al esfuerzo individual como motor de la innovación y base del genio emprendedor. El problema es que la economía del conocimiento requiere de más colaboración y trabajo en redes. Y para eso, los cowboys chilenos no son buenos.

Matías Muchnick se enorgullece de haber fundado Not Co, una empresa biotecnológica alimentaria basada en Giussepe, un programa digital que encuentra patrones moleculares en una gran cantidad de alimentos, asociándolos a ciertos sabores y texturas, con lo que es capaz de componer el sabor de un producto animal, como la mayonesa o la leche, a partir de conjuntos moleculares obtenidos exclusivamente de productos vegetales.

No es para menos, pues si Giussepe triunfa en la composición de más sabores, habrá logrado una alquimia moderna capaz de salir del mercado chileno e impactar el vasto mercado global de vegetarianos, veganos y de aquellas personas que quieren comer más sano. Y a precios muy bajos. Por ejemplo, en un supermercado santiaguino un pote de 650 gramos de Not-Mayo vale cerca de US$ 4, mientras que un pote de mayonesa Kraft del mismo tamaño cuesta en torno a los US$ 4,5.

Pero Muchnick está sobre todo orgulloso de haber realizado su logro biotecnológico sin mayor apoyo que el de su familia, que puso su formación de ingeniero y un capital para empezar, y el de sus socios, un equipo de profesionales altamente calificados, a quienes conoció por las redes que tejió en Berkeley, California. “En Chile todos te dicen tienes mi apoyo, pero son solo palabras de buena crianza”, aclara.

Así como Muchnick hay varios santiaguinos levantando startups por su cuenta. Después de todo, hay condiciones para ello. La capital chilena aloja a un conjunto de ingenieros formados en universidades de primer nivel latinoamericano, como la Universidad de Chile o la Universidad MAYO – JUNIO 2017 23 Católica de Chile, ambas siempre en posiciones destacadas en ránkings internacionales, en una ciudad con un entorno difícilmente más idóneo para la iniciativa privada en la región, pues la ciudad puede jactarse de ser la primera en apreciar el logro individual y la creación de empresas como un valor social, dado que Chile fue el primer país del continente en volcarse hacia el libre mercado en los 80. Además, Santiago cuenta con un clúster de escuelas de negocios top, entre las que destacan -además de las ya mencionadas universidades tradicionales– la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI) y la Universidad del Desarrollo (UDD), por su orientación hacia el emprendimiento y la innovación. Esto permite una fuente respetable de capital humano y talento capaz de fluir a la economía del emprendimiento innovador. Junto con Costa Rica, Chile tiene los porcentajes latinoamericanos más altos de empleo intensivo en conocimiento en el sector servicios, respecto de toda la fuerza de trabajo (en torno al 25%, según datos de la Organización Internacional del Trabajo para 2014).

De este modo, en Santiago vibran nuevos proyectos y nuevas empresas ligadas a la economía del conocimiento y las cadenas de valor internacionales, tales como Archiplan, una empresa que exporta servicios de arquitectura a América Latina y el Medio Oriente, en el marco de grandes proyectos internacionales de infraestructura; o Levita Magnetics, una startup de e-health que creó una pinza laparoscópica que se introduce por el ombligo y se maneja con magnetos, la cual se usa en el hospital de Stanford. Gracias a esto, Levita Magnetics ha sido seleccionada como una de las diez empresas más innovadoras en salud por la revista Fast Company. O U-Planner, una startup de e-education que ofrece software de gestión, eficiencia y calidad educativa a universidades, la que en 2015 se internacionalizó y logró vender sus servicios a casas de estudios como la U. de Sídney de Australia, U. de Washington de Seattle, U. del Rosario de Colombia, U. Anahuac de México, U. de Pacífico de Perú. Pasó de tener cinco empleados a más de 40. Una compañía que se creó entre compañeros de la universidad que tuvieron una epifanía mientras caminaban para llegar a otra ala del campus. Su capital inicial lo obtuvieron desde Fundación Chile y Wayra de Telefónica. Luego se han financiado con las ventas que han ido en aumento. “El primer año nuestros ingresos fueron US$ 100.000. Luego nos dedicamos a tiempo completo a la empresa, y en 2015 obtuvimos ingresos de US$ 1 millón y el 2016 de US$ 3 millones; cabe resaltar que el 90% son ventas fuera de Chile”, enfatiza Juan Pablo Mena, socio y gerente general.

Dado este dinamismo, el Banco Mundial en 2016 señaló que Chile es el 14° país con mayor densidad de nuevos negocios y segundo de América Latina, con ocho nuevos negocios registrados por cada 1.000 habitantes en 2014, tras Panamá con 14. Asimismo, Chile es el país latinoamericano líder en la creación de nuevos modelos de negocios sobre la base de TIC y 30° a nivel mundial, conforme datos de Foro Económico Mundial de 2015.

Sin embargo, la figura del emprendedor como héroe de un western, aquel que vence por sí mismo a las peligrosas fuerzas de la competencia y doma a las bestias salvajes del mercado, ha topado un límite cuando se trata de crear un ecosistema de colaboración y trabajo en red, lo que resulta clave para desarrollar una comunidad que aprende de sí misma, transfiere buenas prácticas y se mueve en redes más espesas y largas que las que puede tejer cada uno de manera individual.

Fuente: América Economía

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