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Retos del emprendimiento femenino en América Latina

Susana García-Robles*
Mundo Ejecutivo

Si pensamos en las mujeres emprendedoras de la región, podemos imaginar, por varias razones, que el panorama dentro de diez años será mucho más alentador que el actual.

Hay muchas historias de éxito que nos permiten imaginar a futuro un ecosistema más equitativo. Algunos casos son la colombiana Gigliola Aycardi y su compañía BodyTech, que de Colombia se expandió a Perú y Chile y hoy cuenta con 130 clubes en los tres países donde opera; o Leila Velez, que desde una favela de Río de Janeiro creó Beleza Natural, hoy con 3,000 empleados y 100 mil clientes.

Además, actualmente vemos una mayor proporción de mujeres estudiando carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). Al mismo tiempo, la mujer empieza a entender que en muchos casos el combinar trabajo y familia no es imposible, no es que deba convertirse en la supermujer, sino que muchas veces se necesita priorizar décadas para dedicar a la familia y a la carrera.

Gracias a esto, hoy diferentes programas de apoyo tienen a las emprendedoras como protagonistas. Pero para que este nuevo escenario se haga real, y los casos de éxito dejen de ser historias excepcionales, aún quedan por derribar muchas barreras, la mayoría culturales. Una de las razones para superarlas es que la incorporación de las mujeres al universo de los negocios no sólo las beneficia a ellas, sino a todos.

¿Por qué apoyar a las mujeres emprendedoras?

Estudios del Banco Mundial muestran que la productividad en América Latina y el Caribe podría aumentar un 25% si se impulsara la capacidad emprendedora de las mujeres. Ellas representan más del 40% de la población económicamente activa en la región, pero su aporte como emprendedoras se reduce al 15 por ciento.

Por otra parte, el afamado inversor ángel Kevin O’Leary ha compartido en una entrevista que 55% de las 20 compañías en su portafolio de inversiones tienen mujeres CEOs, y afirma que son las mujeres quienes le han dado retornos más altos y salidas más rápidas.

Una variedad de estudios confirman la experiencia de O’Leary, por ejemplo, el reporte de septiembre del 2014 de Credit Suisse afirma que las compañías con más de una mujer en sus directorios han superado a aquellas sin mujeres en el directorio. Por su parte, el reporte de Deloitte “The Gender Dividend” explica que las empresas dirigidas por mujeres están mejor administradas y son más exitosas.

El emprendimiento femenino en AL en la actualidad

A pesar de las evidencias, en varios países en América Latina las mujeres que buscan comenzar su propia empresa deben ante todo superar obstáculos culturales muy arraigados, como el estigma de que el rol de la mujer se encuentra exclusivamente en la casa y el prejuicio de que las mujeres no pueden negociar o jugar duro.

A muchas mujeres les faltan fuentes alternativas de financiamiento más allá de su grupo inmediato de familia y amigos, ya que los bancos de la región financian menos de un 20% de sus necesidades de negocio. La ironía de la situación es que las mujeres tienen más probabilidad de fundar empresas por las que sienten pasión, y los negocios que surgen de una real pasión tienen más probabilidades de crecer y tener éxito.

En otros países de la región, estos prejuicios se han ido superando, pero las emprendedoras aún se encuentran con que el ambiente de negocios no está preparado para aceptar su manera de hacerlos. En general, las mujeres tendemos a ser más “relacionales” y los hombres más “transaccionales”. Esta diferencia, si no es bien entendida, puede dar a entender que las mujeres no sabemos negociar. Además, la mayoría de los inversionistas son hombres y se identifican mejor cuando escuchan un pitch de un emprendedor.

Esta situación de desventaja no atañe solamente América Latina y el Caribe. En el mundo, sólo el 14% de las empresas pertenecientes al Fortune 500 cuentan con mujeres en puestos ejecutivos, y un 25% no tiene presencia femenina en los altos mandos.

Claves para transformar el escenario

Después de ver cual es el panorama, queda pensar en cómo modificarlo. Por una parte, los gobiernos, las empresas y las universidades en la región, tienen pendiente generar políticas que brinden apoyo a las mujeres para derribar las barreras culturales que les impiden llegar al mercado laboral en las mismas condiciones que los hombres. Esto incluye políticas de apoyo a la familia, como el paternity y maternity leave; horarios flexibles de trabajo y trabajo desde la casa, y salarios equitativos en igualdad de condiciones para la mujer y el hombre, que impulsarían un clima de negocios más propenso para la entrada de la mujer en el mundo empresarial.

Como parte del cambio, los gobiernos y fundaciones del sector privado podrían dar becas para que las mujeres estudien en el exterior, mejoren su inglés –aun el idioma de negocios— o puedan ser aceleradas en programas de pre-incubación. Los subsidios permitirían que las madres también emprendan, o se podrían apoyar y crear aceleradoras donde se incluyan guarderías infantiles para que las mujeres puedan recibir la aceleración pero estar también cerca de sus hijos.

Desde el BID y particularmente el FOMIN, creemos que también podemos hacer nuestro aporte tanto al emprendimiento femenino. Por eso llevamos a cabo iniciativas como WeXchange, una plataforma que conecta a emprendedoras de alto crecimiento de América Latina y el Caribe, mentores e inversores.

Estas son algunas ideas que podrían impulsar el cambio, pero sería imposible hacerlas funcionar sin un factor clave: el compromiso de todos por tomar conciencia de la necesidad de una cultura más equitativa e igualitaria, en la que tanto mujeres como hombres puedan estar en igualdad de condiciones para emprender proyectos.

 

*Oficial Principal de inversiones a cargo del Grupo de Financiamiento en Etapas Tempranas del FOMIN/BID (Fondo Multilateral de Inversiones/Banco interamericano de Desarrollo).

 

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