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El presidente del MIT da la alerta: La 'Intensidad de I+D' baja en Occidente

Es legendaria la posición en primer lugar del ranking mundial de universidades de ingeniería y tecnología que, desde hace casi 50 años, ostenta sin interrupción el prestigioso Massachusetts Institute of Technology (MIT). Cualquiera diría que su principal foco de interés es esencialmente la aplicación práctica de avances científicos en forma de artefactos tecnológicos o punteras soluciones de ingeniería, es decir, la pura I+D.

Sin embargo, un artículo que acaba de publicar en The Wall Street Journal Rafael Reif, actual presidente del MIT -primer hispano de origen que llega a ese puesto en sus 150 años de historia-, no se regodea en el triunfalismo del líder, sino que es una auténtica llamada de alerta a su país -aplicable a todo Occidente-, ante los cambios que se están produciendo en la política de EEUU tras la elección del nuevo presidente, Donald Trump, quien ha prometido lanzar un enorme plan de inversión en infraestructuras, como autopistas y aeropuertos.

El texto ha provocado una sacudida en el país y ha recibido ya el aplauso de figuras como Bill Gates.En su texto, Reif prefiere poner el foco en cosas menos obvias, pero que finalmente resultan mucho más decisivas para EEUU, articulando un mensaje que podría resultar exótico para quien no conozca cómo funciona de verdad el más poderoso motor de innovación del país: su sector público estatal, o ‘federal’ como se le denomina.

Como afirma Reif, ha sido el apoyo de EEUU en las últimas décadas a la investigación científica básica (la ‘infraestructura invisible’) el que ha abierto el camino a la innovación y al crecimiento económico del país, y no al revés. Y da algunos datos: según el informe de septiembre de la National Science Foundation, la financiación nacional de I+D de todas las fuentes alcanzó en EEUU casi 500.000 millones de dólares en 2015. La participación de las empresas en todo ello también alcanzó un récord del 69%.

Por su parte, los Institutos Nacionales de Salud, invierten 30.000 millones de dólares, cada año, en ciencias básicas. ¿Por qué no privatizar toda la inversión nacional en investigación? Reif expone en contra de ello varios tipos de razones, tanto del interior como del exterior de EEUU. Entre las primeras, está la propia especialización del mundo de los negocios y sus sectores e industrias que, con el tiempo, las han hecho centrarse en desarrollos tecnológicos muy aplicados, alimentados por la prisa en la comercialización inmediata (los ciclos de vida de los productos se han reducido enormemente).

También contribuye a ello la imperativa exigencia actual de conexión rápida con la demanda de los consumidores (Amazon sería un ejemplo canónico de ello). No es menos exigente la demanda de los inversores que quieren maximizar los retornos en el plazo más corto posible. Y cita Reif otra razón: la actitud ‘propietaria’ -es decir, cerrada y restrictiva- que acaba generando en muchas empresas la idea de que, en realidad, no es una buena opción la de apoyar la investigación científica básica. Un segundo tipo de razones intrínsecas, para explicar el distanciamiento del mundo empresarial y la investigación fundamental o básica, tiene que ver con los mecanismos de funcionamiento acelerado de las empresas en relación en su visión actual del I+D.

Señala Reif que las empresas suelen enfocar sus objetivos desproporcionadamente hacía el «D» ya que lo perciben como la principal o más inmediata fuente de beneficios incrementales. Hacia ello, las conduce el ansia propia de la visión a corto plazo, que acaba dominando a la visión a largo, que es la que tiene que ver con la «I», es decir, con la investigación. Las empresas tecnológicas proclaman que van a ser «disruptivas», a pesar de que es sabido que es la investigación, la I, el camino cierto en el que se acabarán produciendo beneficios ‘transformacionales’, que son mucho mayores, pero que requieren mayor asunción de riesgos, perseverancia y mayores plazos.

La Intensidad de la I+D

Hay también un tercer tipo de razones citadas por el profesor Reif, que vienen de lo aprendido en varias décadas vividas de revolución tecnológica. Tienen que ver con lo que se llama «Intensidad de la I+D» (R&D Intensity), que es la que mide el compromiso de la sociedad con la ciencia. En 1970, los fondos gubernamentales de investigación federal en investigación básica eran del 2% del PIB estadounidense y en 2014 habían caído a tan sólo el 0,78%. Una caída enorme, especialmente patente en ciencias fundamentales como la Química y la Física, tradicional fuente de conocimiento profundo, además de motor y estimulantes directas de avances en todos los ámbitos científicos, (de esa caída es un buen ejemplo la evolución de la NASA). Esto, además, tiene consecuencias indirectas plasmadas en sucesivas reducciones de la labor de educar y formar el necesario refresco con nuevas generación de científicos pioneros que, cada vez más, deben llegar de fuera, (y algunos que empiezan a no quedarse y eso es nuevo en EEUU).

Massachusetts Institute of Technology

Massachusetts Institute of Technology

Ha sido aquella ‘infraestructura invisible’ de apoyo a la investigación básica con gran apoyo en los 70 y posteriores, la que ha dado frutos concretos como los que cita Reif: la investigación de relojes atómicos ultraprecisos y en avances espaciales condujeron a la llegada del GPS; la resonancia magnética nuclear nos trajo el escáner de MRI (imágenes médicas por resonancia magnética), así como la iluminación LED o los smartphones, tal como los conocemos hoy; y la investigación matemática desarrolló el cifrado, que permite el actual comercio electrónico.

Rafael Reif está convencido de que hay que renovar el compromiso con la «Intensidad de I+D», o estarán en peligro cuatro cosas fundamentales: la prosperidad a largo plazo de nuestras sociedades; la competitividad de los trabajadores; la salud de los ciudadanos; y la generación de los mejores nuevos empleos en campos concretos, que plantean el reto de encontrar soluciones para problemas que lo son para todos los humanos. Por ejemplo conseguir soluciones tecnológicas a cosas como el Alzheimer, cáncer, seguridad cibernética, energía nuclear segura, lucha contra el cambio climático o la igualdad de acceso al agua y alimentos en todo el mundo.

Amenazas

Hay una advertencia de Reif, esta vez por una causa exterior, y cita expresamente los casos de China y Asia. Si queremos que nuestra sociedad y nuestros ciudadanos tengan acceso a la mayor calidad de vida posible, afirma el responsable del MIT, deberemos orientarnos hacia los mejores empleos basados en conocimiento, que seguro estarán relacionados con campos tecnológicos concretos como: materiales avanzados, Industria 4.0, Inteligencia Artificial, energías renovables, nanofotónica, computación cuántica, biología sintética o exploración espacial y similares. Participar en ello pasa porque nuestros países y dirigentes aumenten urgentemente el compromiso de nuestro sistema público con la ciencia básica, es decir con una mayor «Intensidad de I+D».

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