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Más referentes para tener a más mujeres en ciencia y tecnología

Cuando estaba en el colegio escuché hablar de Marie Curie. Me la nombraron dentro de una lista de otros 4 o 5 nombres que entraban en la categoría “científicos destacados”. Mi profesor no me enseñó que había descubierto dos elementos químicos y que había acuñado el término “radiactividad”. No me dijeron que había ganado dos premios Nobel ni me hablaron de los millones de vidas que salvó, de la forma en que transformó el mundo.

Nadie me contó que había muerto a los 66 años producto de haber guardado tubos de ensayo con radio en los bolsillos mientras investigaba, y por haber trabajado en unidades móviles de rayos X durante la Primera Guerra Mundial. Cuando me hablaron de Marie Curie, no me dieron la oportunidad de admirarla, ni de sentirme inspirada por el impacto que generó.

Los role models son una pieza clave al momento de presentarle a una generación una posibilidad, y de mostrarles que se puede generar impacto gracias a la pasión que mueve a alguien a trabajar por un cambio. Durante toda mi educación, no conocí un referente concreto de una mujer que fuera ingeniera o que estuviera teniendo éxito en los negocios. No me imaginé que yo podía convertirme en una de ellas.

Las mujeres somos tremendamente capaces, pero necesitamos vernos enfrentadas a mayores estímulos para desarrollar esas capacidades. Yo nunca recibí uno que me sembrara la curiosidad, y como me gustaba escribir, asumí que no calificaba para estudiar algo en matemáticas. Estudié Psicología y después me obligué a desafiar mis propios paradigmas, por lo que hoy estoy trabajando fuertemente en innovación. Si uno no tiene un modelo a seguir -si nuestras redes de apoyo y los colegios en los que estuvimos no nos dijeron que podíamos llegar tan lejos como imagináramos, que éramos niñas invencibles- se hace necesario inventarse uno.

Para que esta dinámica no se siga perpetuando, fundé hace cuatro años HER GLOBAL IMPACT, una Academia de Innovación para mujeres en STEM (Science, Technology, Engineering, Mathematics) que busca democratizar el acceso al conocimiento y convertir a más mujeres en referentes para otras. El sábado 11 de febrero fue el Día Internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia, y lo celebramos junto a Bernarda Pérez, la Subsecretaria del nuevo Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, y a la Ministra Secretaria General de Gobierno, Paula Narváez, para promover que más mujeres se animen a entrar al mundo de la ciencia y la tecnología. Estuvo también Komal Dadlani, creadora de Lab4u, una aplicación que convierte los celulares en laboratorios científicos y también contamos con la presencia de Emilia Díaz, ganadora de HER GLOBAL IMPACT en 2015 y creadora de Kaitek Labs, una firma de biotecnología.

A crear nuestras propias reglas del juego

Lo que siempre veo es que se tiende a criticar el statu quo: no hay mujeres en ciencia, las mujeres ganamos menos, y sin duda son problemas que tenemos que combatir. Pero salgamos de la dinámica de decir que esa es la realidad y empecemos a crear nuestras propias reglas del juego. Cuando uno emprende en ciencia y tecnología, tiene la posibilidad de crear una empresa y de escalar a otros mercados. Existe la posibilidad de crear nuevas reglas del juego, de incorporar equipos mixtos, de formar directorios heterogéneos y de pagar sueldos equitativos.

Somos cada vez más mujeres las que trabajamos a diario por catalizar ese cambio, y es fundamental transmitir a otras lo que sentimos: la pasión que nos mueve y la enorme satisfacción que genera darnos cuenta de que nuestro trabajo ha tenido frutos. Que el mundo es un lugar un poquito más amigable gracias a la acción que juntas generamos. Mientras más mujeres se enteren de que hay otras cambiando realidades, va a ser más probable que ellas se sumen. Si somos más, somos más fuertes, y podemos conseguir más cosas juntas.

 

Por Bárbara Silva, BST Innovation

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