ENTREVISTA A PATRICIO FERES: GERENTE DE INNOVACIÓN DE CORFO

Periodista: Sebastián Andrade

 

Tras un año en el cargo, el Gerente de Innovación de CORFO, Patricio Feres es optimista. Piensa que, pese a realidades como el aún bajo índice de inversión en Investigación y Desarrollo (I+D), el país está bien encaminado para avanzar en lograr una economía basada en el conocimiento, y de ese modo, no vivir con la angustia de las fluctuaciones del precio del cobre y otras materias primas. Consciente de lo andado y lo que todavía falta, Patricio Feres tiene claro que los desafíos son muchos.Por ejemplo, revertir el hecho del bajo porcentaje de empresas que hacen innovación y que la innovación que se desarrolla en el país es de poco impacto. Las empresas que innovan lo hacen básicamente comprando maquinaria, equipos y software. De todos modos, es optimista, considerando que nuestra economía continúa siendo la más competitiva de América Latina y que el país es seguro y confiable para hacer negocios, además de contar con diversos y un adecuado ecosistema para emprender e innovar.
En relación con su gestión, Feres explica que recuperaron los niveles de postulación y adjudicación históricos y establecieron nuevos máximos. En subsidios a la innovación en el año 2015 se ejecutó el 99,94% de un presupuesto de $43.591 millones, lo que significó un crecimiento de 32% comparado con el año 2013. Adicionalmente revela que la Ley de I+D experimentó un aumento en certificaciones de un 80% en comparación con el año 2014.

Desde su posición como gerente de Innovación en Corfo, ¿Cómo evalúa el estado del “ecosistema” de innovación en el país, considerando la suma de los sectores público y privado?

Chile en los últimos años está siendo reconocido por contar con un ecosistema favorable al emprendimiento, ubicándonos en el lugar 16 de Global Entrepreneurship Index (GEDI). Y cuando ese ecosistema lo ampliamos a la innovación, vemos que estamos en una posición de privilegio en comparación con los países de la región, por ejemplo, el mismo GEDI reconoce la innovación de productos como un factor clave y Chile es el único país latinoamericano entre los primeros 20 del mundo. Los grandes desafíos se relacionan con sostener este ecosistema, entenderlo como una red y seguir creciendo desde el punto de vista de la innovación, favoreciendo que muchas más empresas establecidas interactúen dentro de estas redes, por ejemplo, a través de la innovación abierta con comunidades de startups y a través de la vinculación con centros de I+D y Universidades. En este sentido, creo que el año pasado fue bueno en términos de innovación, pero aún con desafíos pendientes.

¿Qué iniciativas ha desarrollado la Gerencia de Innovación de Corfo para potenciar la innovación en el país?

El foco de esta gerencia se relaciona con promover la innovación en las empresas, de tal manera que innovar sea reconocido como algo deseable dentro de las estrategias de éstas. Buscamos que se entienda que innovar trae consigo mejoras en la competitividad, productividad y que también ayuda a generar nuevos espacios de negocios. Desde ese punto de vista, nuestra gestión se ha enfocado en abordar tres áreas de interés. La primera de ellas está relacionada con el apoyo a proyectos de innovación, lo que exige entender a la innovación como un proceso, donde los proyectos se van construyendo paso a paso. Los desafíos en esta materia se relacionan con aumentar el apoyo a los proyectos que teníamos antes. Al respecto nos planteamos multiplicar por cuatro los proyectos que apoyaremos, en comparación a lo que había entre 2010 y 2013. Había un promedio de 200 proyectos de innovación tecnológicos que apoyaba Corfo. Ahora queremos llegar a 800. Estamos en la mitad de la gestión, llegando a más de 400. El segundo gran tema es el apoyo a las empresas de menor tamaño para que aumenten su productividad y competitividad. Para ellas, articulamos una oferta denominada “InnovaPyme”, a través de programas asociativos y colaborativos que buscan facilitar la incorporación de nuevas tecnologías a sus procesos productivos y al desarrollo de nuevos negocios. El tercer punto está relacionado con fortalecer la I+D liderada por empresas. Sobre este punto buscamos promover y apoyar el desarrollo de nuevos servicios y productos de base tecnológica.

¿Cuál es el déficit que tiene nuestro ecosistema innovador?

Uno de los problemas que tenemos es que las empresas interactúan poco en la estructura de red de este ecosistema . Tenemos sectores de esta red que son bastante más robustos que otros, como Santiago, Valparaíso, la zona de Los Lagos, etcétera. Y también vemos que hay mucho movimiento en las startups y universidades, que están jugando un rol relevante. Sin embargo, el eslabón que falta son las empresas. En los ecosistemas más dinámicos y avanzados son las empresas las que están continuamente poniendo desafíos para generar demanda por nuevos desarrollos. Es por eso que nuestra labor es identificar bien los mecanismos que ayuden a resolver de la mejor manera posible los desafíos planteados. Sabemos que la innovación que se hace en Chile es de bajo impacto, es por ello que buscamos generar una mayor interacción de las empresas con el entorno, sabiendo que estas no suelen relacionarse, por ejemplo, con las universidades. En este contexto la existencia de herramientas como la ley de incentivo tributario reconoce la I+D que se hace dentro de las empresas y también proyectos de contratos con centros de I+D y universidades. Sin embargo, nosotros consideramos que eso no es suficiente, por lo que agregamos elementos de subsidio. Ahí caben los Contratos Tecnológicos para la Innovación, que los comenzamos el año pasado. Se trata de mecanismos que permiten el cofinanciamiento de proyectos de I+D, liderados por empresas, que les permite contratar a centros de I+D y universidades, además de incorporar capital humano avanzado a la empresa. Se trata de una iniciativa que se complementa con la ley de I+D. La idea es que si soy una empresa y me gano un subsidio de I+D para contratar a un centro, de todas maneras tendré que poner financiamiento privado que puede optar al incentivo tributario. Se trata de dos caminos que van por rutas separadas, pero que al final confluyen.

Sin embargo todavía hay empresas que son reacias a innovar. Dicen: “Si me va bien como estoy, ¿Para qué cambiar?

Es curioso lo que pasa en nuestro país, porque en muchos otros lados innovar no es una opción. Si uno mira los países desarrollados, en las empresas grandes, un 77% hace innovación, y en las Pymes un 52%, mientras que en Chile en ambos casos, la proporción de los que innovan es menos de la mitad. Si tenemos mercados con grandes empresas que no tienen una real competencia, el incentivo para innovar es muy bajo.

CASOS DE ÉXITO

¿Qué opina sobre la necesidad de tener casos de éxito para impulsar aún más al ecosistema innovador de Chile?

– Está demostrado que es importante. Aunque nos falta mucho, creo que estamos en un buen pie. Están apareciendo casos importantes, como el del arquitecto Alejandro Aravena, premiado por la visión innovadora que tiene sobre la arquitectura y atreverse a darle énfasis a cosas que la arquitectura no siempre ha considerado. Es posible que él en un ecosistema que no fluyera, no haría las cosas que hace. Por eso, lo importante no es solo la existencia de talento y trabajo individual, sino que esto vaya acompañado de un ecosistema que lo propicie. Casos hay muchos: por ejemplo el de Crystal Lagoons, emprendimientos sociales, como Algramo, Techo, Andes Biotechnologies, el grupo de los científicos nacionales Pablo Valenzuela y Luis Burzio, que trabaja en el desarrollo de una posible solución para el cáncer, etcétera. En general, se trata de ideas acompañadas de tecnología y empresas que han sabido multiplicar su valor. Y gran parte de ellos fueron apoyados por Corfo en alguna fase de su desarrollo. Con todo, el gran desafío es que la innovación sea una conducta más habitual de lo que es hoy. Es un tema de dimensión cultural.

¿A qué se refiere con una dimensión cultural?

Uno advierte que en Chile tenemos trabas culturales porque está demostrado que para hacer innovación colaborativa y abierta se necesita confiar en el otro. Y ahí es donde estamos muy mal. La confianza es de las más bajas dentro de los países de la OCDE. Uno ve que en nuestro país hay una fuerte propensión natural a no colaborar, situación que incide directamente en la calidad de la innovación que podamos hacer. Por eso es importante generar decididos esfuerzos para crear mayor capital social que ayude a ser más colaborativos. Por otro lado y mirando el vaso medio lleno, en Chile tenemos esa condición de ser capaces de solucionar las cosas con el método “chasquilla” que nos caracteriza. Y eso es algo favorable para la innovación: poder resolver problemas sin darnos muchas vueltas.

Considerando esta dimensión cultural, ¿Cómo podríamos incorporar la colaboración y la innovación en los niños, dentro de un contexto en el que estamos discutiendo qué tipo de educación les queremos entregar?

Todos nos preguntamos qué tipo de educación queremos para nuestros hijos. Un camino puede ser la búsqueda de opciones donde el camino no sea la hipercompetencia a temprana edad, que la considero un error. En lo personal pienso como un camino válido acercarse a pedagogías que respeten los ciclos de desarrollo de los niños y formas distintas de acercarse al conocimiento y de hacer las cosas. En estos casos, el incentivo esta en aprender y no sólo en los resultados. Del mismo modo en innovación importa muchísimo el proceso, el aprendizaje y la falla, no sólo el éxito. Entonces, cuando uno ve las discusiones que se están dando en el ámbito público, y qué tipo de desarrollo queremos fomentar, uno se da cuenta de la importancia de fomentar la creatividad en los niños, impulsar el efecto par y el conocimiento colaborativo. En este sentido, creo firmemente en el poder del ejemplo, en comunicar experiencias y crear conocimiento compartido. Creo que la innovación puede ayudar a resolver los grandes temas de Chile, por ejemplo, mejorar la educación de nuestros niños. Eso es lo que buscamos con nuestros programas de innovación social, orientada por misión, que ponga a disposición la innovación para los grandes desafíos sociales que tiene el país.

¿Cuánto afecta al desarrollo de la innovación el hecho que el Estado de Chile sea tan centralista?

Es una realidad que he palpado estando acá en Corfo. Uno se da cuenta de la necesidad de descentralizar. Es claro que tenemos grandes desafíos, sin embargo, creo que hemos avanzado en algunas materias. Por ejemplo, con los Pilotos de Descentralización de Fomento Productivo, promovidos por Corfo y Sercotec, en Antofagasta, BioBio y Los Ríos. Además, estamos decididos a democratizar las oportunidades de emprendimiento e innovación para que personas y empresas de cualquier parte de Chile que tengan un buen proyecto, puedan ser cofinanciado por el sistema público. Y en eso avanzamos bastante el año pasado. Las postulaciones provenientes de regiones aumentaron en 67% y destaco el lanzamiento de programas como el de Prototipos de Innovación Regional, que adjudicaron $1.486 millones. Además, diseñamos programas especiales para regiones, con muy buenos resultados y también tenemos los Programas de Innovación Social, cuyos cuatro pilotos son de regiones, desde donde se lideran los proyectos.

¿Cómo se plantean el trabajo, dentro del desafío de incrementar el nivel de inversión en I+D que se hace en el país, que sigue siendo muy bajo?

Sigue siendo bajo y también el aporte de las empresas (1/3), considerando que en los países desarrollados es el doble. Cuando miramos la cantidad de investigadores que hay en la industria –que no son solo doctores- vemos que tenemos una sexta parte de los países desarrollados. En cualquier comparación, estamos bajos. Hoy poco más de 600 empresas realizan I+D, y el desafío es multiplicar en varias veces esa cantidad. Y en ese contexto es que existe una ley de incentivo tributario que fue modificada el año 2012. No obstante, vemos que si las empresas van a invertir en I+D, lo más probable es que no lo hagan dentro de la organización. Al menos la mayoría. Distinto de lo que ocurre en otros países, como Corea, donde la I+D la hacen las propias empresas. Un camino es apoyar a que las empresas tengan sus propios laboratorios y el otro es que se junten y tengan un diálogo fluido con las universidades y centros de I+D, que hasta ahora no han tenido. Junto con lo anterior, es necesario seguir apoyando la inserción de capital humano avanzado en las empresas.
Todo ello, complementado con el incentivo tributario a la I+D. En este marco, el año pasado seguimos creciendo en montos certificados a través del incentivo tributario. Lo importante es cuánto de eso se convierte después en gasto en I+D. De los $33.000 millones que certificamos el 2014, cerca de $13.000 millones fueron declarados como gastos efectivos ejecutados durante el mismo año, para hacer uso del incentivo tributario. También generamos un programa nuevo de Inserción de Capital Humano para la Innovación en Empresas, que va a seguir creciendo, al que postularon más de 60 empresas, de las cuales, 20 fueron adjudicadas. Creemos que esta cifra debemos multiplicarla.

AVANZAR HACIA LA ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO

La dramática baja en el precio del cobre en los mercados internacionales, nos recuerda que el país tiene un largo desafío en cuanto a desarrollar una economía basada en el conocimiento. ¿Qué estamos haciendo para no repetir la tragedia del salitre?

Es el temor que siempre hay. Efectivamente, somos muy cobre-dependientes. Sin embargo, creo que el país ha invertido bien y se han visto algunos prometedores resultados, como en el área de la biotecnología, con Proteus, Andes Biotechnologies, Levita Magnetics, entre otras, que muestran muy buenos equipos, enorme potencial de impacto, alcance internacional y alianzas en el extranjero con centros de primer nivel. Tenemos algunos proveedores tecnológicos de industrias como acuicultura,minería y agroindustria, que tienen potencial de escalamiento global y que presentan desafíos importantes para su internacionalización. Ejemplos todos que no son gratis y que no partieron el año pasado, sino que se trata de proyectos que llevan varios años madurando. Podríamos pensar que estamos a mitad del camino de tener un ecosistema de innovación desarrollado, que se demora unos 40 años. Creo que vamos avanzando en hacer el giro de ir a una economía del conocimiento. No nos estamos quedando, pese a que como país sí hemos fallado en algunas áreas de definición institucional.

Precisamente, relacionado con materias institucionales, ¿qué podemos esperar en un mediano y largo plazo de la labor que pueda hacer un Ministerio de Ciencia y Tecnología, como el que hace poco anunció la Presidenta Bachelet?

En los países que son referentes en la materia, uno ve que existen dos grandes agencias: una que está más cerca de las universidades, que en nuestro caso es Conicyt , y otra, Corfo, que se relaciona más con el mundo productivo. Y por sobre ellos, existen uno o dos ministerios que coordinan este trabajo. Y, adicionalmente, una agencia que tiene una mirada de largo plazo, que es el Consejo Nacional de Innovación para el Desarrollo. Nos está faltando una definición integrada sobre una política en ciencia, tecnología e innovación, para que la senda hacia el desarrollo tenga una orientación clara de largo plazo. Esperaría, en un mediano plazo, que se solidifiquen las bases para un trabajo que vaya más allá de la coyuntura sobre los distintos temas y que haya una mayor coordinación entre los distintos agentes del ecosistema para abordar los desafíos más grandes. El desarrollo de Chile, en el más amplio sentido de la palabra, ocurrirá si tenemos agencias que trabajen de manera coordinada, pese a las tensiones que, inevitablemente, siempre habrá. A la espera de las definiciones finales sobre las características de este ministerio, imagino que instituciones como Corfo y Conicyt serán fuertes, protagonistas y de clase mundial.

¿Cuál es el sello de la actual Gerencia de Innovación de Corfo?

Entendemos la innovación como un proceso, que permite aprendizajes rápidos y efectivos, que debe considerar las potencialidades de Chile y su gente, y que hay que entender que es una carrera larga donde el esfuerzo y un entrenamiento duro y sistemático nos permitirán desarrollar las habilidades apropiada para aportar al desarrollo económico, social y medioambiental de Chile. La política de innovación la estamos enfocando en promover el desarrollo y crecimiento de las PYMES , en el fortalecimiento de las capacidades y procesos innovativos en empresas a lo largo de Chile, y a la sofisticación de la oferta exportadora mediante investigación y desarrollo (I+D). Para transformarnos en una agencia de clase mundial buscamos potenciar nuestros procesos de postulación, evaluación y seguimiento que permitan mejorar la experiencia del usuario y agregar valor a nuestra relación con las empresas.

¿Cómo imagina al país en 5 ó 10 años más?

Soy un convencido de que el trabajo serio y transparente nos va a permitir lograr cambios importantes. Y que las reformas que se están impulsando, van a ser un aporte positivo. Confío en los resultados de los cambios que se están llevando a cabo en materia de educación. Imagino que lograremos transformar productivamente al país y que el cobre será un dato a considerar, pero no el único. Además, sinceramente creo que podemos convertirnos en un país más amable, diverso y respetuoso, y que avanzaremos hacia una nación con un tipo de desarrollo que implique mayores niveles de igualdad. Y eso no va a pasar de manera espontánea, sino que depende de las personas que están dispuestas a trabajar duro para que esto ocurra. Creo que es un camino que está ahí, a la mano, pero que requiere mucho trabajo colaborativo para que se convierta en realidad.

 

 

 

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Patricio Feres es Ingeniero Industrial Eléctrico de la Pontificia Universidad Católica de Chile y MPhil en Economía de la U. Cambridge (Inglaterra). Actualmente es Gerente de Innovación/Director Ejecutivo Innova CORFO.
Fue Gerente de Nuevos Negocios de DICTUC S.A.; Director Académico del Centro de Innovación & Emprendimiento de la UAI; Director de Desarrollo Estratégico y Estudios del Consejo Nacional de Innovación y Jefe de Políticas de Ciencia y Tecnología en la División Innovación del Ministerio de Economía. Ha sido consultor en el sector público y privado en transferencia tecnológica y gestión de la innovación

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