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Emprendedor de Austral Incuba es reconocido por el MIT como uno de los innovadores menores de 35 en Chile

Manuel Rozas es socio fundador de Kura Biotec, que utiliza una enzima del abalón rojo para la detección de drogas.

Escrito por: Comunicaciones Austral Incuba.

Con 33 años y un innovador emprendimiento biotecnológico que lo tiene como proveedor del FBI en Estados Unidos, el biólogo Manuel Rozas es uno de los ganadores del premio Innovadores menores de 35 Chile, de MIT Technology Review en español, publicación del Instituto Tecnológico de Massachusetts.

Rozas es socio fundador de Kura Biotec -empresa incubada por Austral Incuba, incubadora de negocios de la Universidad Austral apoyada por Corfo- que utiliza el abalón rojo como insumo para extraer una enzima que sirve para detectar drogas opioides y esteroides en la orina humana, innovación con la cual cubre más del 90% del mercado en Australia y también llega a laboratorios de toxicología en Estados Unidos y Asia Pacífico.
Rozas es parte del selecto listado de siete jóvenes chilenos “cuyo ingenio demuestra su capacidad de cambiar el mundo”, como destaca MIT Technology Review, los cuales fueron evaluados por un panel internacional de expertos, entre más de 100 postulaciones presentadas. Claro que no se trata del primer reconocimiento de este emprendedor, ya que también obtuvo el primer lugar del Ají Challenge 2013 y el Premio Avonni Patagonia 2014.
“Estamos felices por el reconocimiento. Como equipo en Kura nos hemos ido afiatando en el área de reactivos enzimáticos. Perfeccionando nuestras capacidades para dar mejor respuesta a nuestros clientes. Cuando recibimos un reconocimiento como este nos alegra, porque significa que los resultados del esfuerzo ya son evidentes para observadores externos. Y claro que no son cualquier observador sino que evaluadores capacitados que tuvieron que elegir entre historias de innovación igual de valorables”, señala Manuel Rozas, quien también reconoció el apoyo de Austral Incuba como guía para este tipo de iniciativas innovadoras en etapas tempranas de desarrollo, cubriendo parte de la brecha de formación comercial que usualmente tienen los científicos.
Macarena Sáez, gerente de la incubadora, valoró este nuevo hito en la carrera del joven emprendedor  y destacó su pasión por emprender. «Hemos sido testigos del impresionante esfuerzo, compromiso y convicción con el que Manuel ha transitado su camino como emprendedor, lo que lo ha llevado a desarrollarse no sólo en ese ámbito, sino a su vez como padre, esposo y como referente para nuevas generaciones. Es un modelo de emprendimiento de alto impacto, a escala humana y especializado en agregar valor a los recursos naturales por medio de la biotecnología; se merece éste y muchos más aplausos”, indicó la directiva.
Restablecer confianza
“Creo que el emprendimiento científico en Chile necesita pasar desde la academia a la población normal. Que se entienda que la gran gracia de este tipo de emprendimientos es que no necesitas, de manera obligada, grandes capitales o contactos para poder lograrlo. Es un camino a la igualdad de oportunidades que se inicia, claro, con una buena educación base. También es la respuesta a problemáticas como las que vemos hoy día en nuestras regiones, con industrias como la pesca artesanal o salmoneras. Ahí hay mucho valor que se pierde y que solo necesitamos generar incentivos correctos para solucionarlos”, agrega el biólogo.
Rozas manifiesta también su opinión en torno a la necesidad de cambiar la que él define como “estructura de desconfianza” que se ha construido entre Corfo, las incubadoras y los emprendedores. “Probablemente por aprendizaje pasado se ha ido complejizando el sistema de rendiciones de proyectos, basado actualmente en la desconfianza absoluta hacia el emprendedor, lo que termina por llevarse entre un 25 y 50 por ciento del tiempo en papeleos, y muchas veces forzando la decisión a no postular a subsidios por lo engorroso del proceso”, sostiene el reconocido emprendedor, quien invita a promover un sistema basado en la confianza, con menos controles, pero sí con sanciones mucho más duras en caso de ocurrir ilícitos.
Rozas es socio fundador de Kura Biotec -empresa incubada por Austral Incuba, incubadora de negocios de la Universidad Austral apoyada por Corfo- que utiliza el abalón rojo como insumo para extraer una enzima que sirve para detectar drogas opioides y esteroides en la orina humana, innovación con la cual cubre más del 90% del mercado en Australia y también llega a laboratorios de toxicología en Estados Unidos y Asia Pacífico.
Además es parte del selecto listado de siete jóvenes chilenos “cuyo ingenio demuestra su capacidad de cambiar el mundo”, como destaca MIT Technology Review, los cuales fueron evaluados por un panel internacional de expertos, entre más de 100 postulaciones presentadas. Claro que no se trata del primer reconocimiento de este emprendedor, ya que también obtuvo el primer lugar del Ají Challenge 2013 y el Premio Avonni Patagonia 2014.
“Estamos felices por el reconocimiento. Como equipo en Kura nos hemos ido afiatando en el área de reactivos enzimáticos. Perfeccionando nuestras capacidades para dar mejor respuesta a nuestros clientes. Cuando recibimos un reconocimiento como este nos alegra, porque significa que los resultados del esfuerzo ya son evidentes para observadores externos. Y claro que no son cualquier observador sino que evaluadores capacitados que tuvieron que elegir entre historias de innovación igual de valorables”, señala Manuel Rozas, quien también reconoció el apoyo de Austral Incuba como guía para este tipo de iniciativas innovadoras en etapas tempranas de desarrollo, cubriendo parte de la brecha de formación comercial que usualmente tienen los científicos.
Macarena Sáez, gerente de la incubadora, valoró este nuevo hito en la carrera del joven emprendedor  y destacó su pasión por emprender. «Hemos sido testigos del impresionante esfuerzo, compromiso y convicción con el que Manuel ha transitado su camino como emprendedor, lo que lo ha llevado a desarrollarse no sólo en ese ámbito, sino a su vez como padre, esposo y como referente para nuevas generaciones. Es un modelo de emprendimiento de alto impacto, a escala humana y especializado en agregar valor a los recursos naturales por medio de la biotecnología; se merece éste y muchos más aplausos”, indicó la directiva.
Restablecer confianza
“Creo que el emprendimiento científico en Chile necesita pasar desde la academia a la población normal. Que se entienda que la gran gracia de este tipo de emprendimientos es que no necesitas, de manera obligada, grandes capitales o contactos para poder lograrlo. Es un camino a la igualdad de oportunidades que se inicia, claro, con una buena educación base. También es la respuesta a problemáticas como las que vemos hoy día en nuestras regiones, con industrias como la pesca artesanal o salmoneras. Ahí hay mucho valor que se pierde y que solo necesitamos generar incentivos correctos para solucionarlos”, agrega el biólogo.
Rozas manifiesta también su opinión en torno a la necesidad de cambiar la que él define como “estructura de desconfianza” que se ha construido entre Corfo, las incubadoras y los emprendedores. “Probablemente por aprendizaje pasado se ha ido complejizando el sistema de rendiciones de proyectos, basado actualmente en la desconfianza absoluta hacia el emprendedor, lo que termina por llevarse entre un 25 y 50 por ciento del tiempo en papeleos, y muchas veces forzando la decisión a no postular a subsidios por lo engorroso del proceso”, sostiene el reconocido emprendedor, quien invita a promover un sistema basado en la confianza, con menos controles, pero sí con sanciones mucho más duras en caso de ocurrir ilícitos.

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