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EL DESPEGUE DE LAS STARTUPS CHILENAS PARA EL AGRO

Agriculturers
La mayoría ha surgido en los dos últimos años y se enfocan en la incorporación de nuevas tecnologías, la eficiencia de la gestión y la inteligencia de mercado. Con financiamiento privado y público buscan ganar un espacio en un sector que el año pasado captó más de US$ 2 mil millones a nivel mundial, en el cual Chile aspira a convertirse en una plataforma para Latinoamérica.

Si hace cinco años las inversiones en compañías tecnológicas enfocadas en la cadena de valor del sector agrícola sumaban US$ 400 mil a nivel mundial, para fines de 2015 se espera que alcancen los US$ 4 mil millones, casi el doble que los US$ 2.360 millones que se registraron como récord al cierre del año pasado.

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Detrás de esas cifras, presentadas por la plataforma de inversiones estadounidense AgFunder, en el primer semestre de este año 280 inversionistas apostaron por unos 228 proyectos. La mayoría se enfocó en soluciones para el manejo del agua y el riego, impulsados por la sequía que afecta a California, pero también se centran en la comercialización electrónica de alimentos, soluciones para la agricultura de precisión como imágenes satelitales y drones, bioenergía e, incluso, proyectos relacionados con cannabis, que representan el 1% del total.

Estados Unidos lidera por lejos en los montos invertidos en startups agrícolas, con US$ 1.028 millones, seguido por Israel y China, con US$ 510 y US$ 155 millones cada uno, mientras que India y Reino Unido ocupan los siguientes puestos. Si se analizan los estados norteamericanos, California los encabeza con más del 57% de los fondos, por unos US$ 583 millones.

Hasta ahora, en Chile no existen cifras disponibles para medir cuánto se invierte al año en startups relacionadas con el agro ni cuántas son, aunque quienes están impulsando proyectos estiman que no serían más de veinte.

Si bien la mayor parte de ellos han sido apoyados por el programa Start-Up Chile, de Corfo, desde allí explican que los emprendimientos no están tipificados bajo esta categoría.

En la plataforma de crowdfunding Broota, en tanto, advierten que algunos se financian con recursos propios y que ellos solo tienen como referencia los $90 millones que reunió el Consorcio Apícola.

Sin embargo, todos mencionan que el despegue de las startups del agro en el país está partiendo, en línea con la tendencia que comenzó a cobrar fuerza en Estados Unidos hace no más de tres años, que en países como España recién toma vuelo y que podría transformar a Chile en un referente para el resto de la región, de la mano de emprendedores que no superan los 40 años.

“Es algo relativamente nuevo en otros países y la idea es que Chile sea una plataforma para Latinoamérica, porque es un mercado chico y es el mejor lugar para probar la viabilidad de este tipo de proyectos en el área agrícola, para luego poder escalarlos. En eso hasta ahora ha sido fundamental el programa Start-Up Chile”, comenta Óscar Azócar, socio de Agronometrics y director de Agroemprende, la primera red de startups agropecuarias de América Latina, que se formó hace dos meses en Santiago con la idea de crear una red potente de contactos, atraer fondos y acoger nuevos emprendimientos del rubro.

Quienes están desarrollando proyectos en esta área reconocen que tiene particularidades que no están presentes en otros sectores, como el ciclo anual y no mensual de producción y de liquidaciones y la resistencia a los cambios, que si bien es parte de lo que enfrentan los innovadores, en la agricultura sería mayor.

“Necesitan que algo esté muy probado para incorporarlo. Creo que es por un tema cultural, pero también hace falta que en las universidades enseñen más de innovación a los profesionales del área agrícola y que conozcan las experiencias que se están haciendo afuera”, plantea Óscar Azócar.

En días en que el alto valor del dólar abre nuevas posibilidades para los productores, estos nuevos emprendimientos surgen en paralelo para dar un giro distinto al agro local.

Uno donde prima la creatividad y donde el foco no es necesariamente la producción.

Agriculturers: Noticias y educación para los especialistas

Al egresar de Agronomía, en 2009, Jorge Pizarro se fue un año a trabajar a Australia para aprender inglés. Con la idea de ubicar a otros agrónomos que estuvieran fuera de Chile creó en Facebook la cuenta “Agrónomos por el mundo”, lo que tuvo resultados inimaginados: En un mes recibió cinco mil solicitudes de amistad y en un año llegó a sumar 35 mil personas, las que a diario compartían noticias, fotos y videos relacionados con el sector agrícola.

De vuelta en Chile, con esa buena respuesta y la base de datos de los usuarios -la mayoría de ellos agrónomos e investigadores de distintos países- formó Agriculturers.com, concebido como una red de especialistas en agricultura que hoy recibe un promedio de cuatro mil visitas diarias, las que lo convierten en uno de los sitios web del agro más visitados en español.

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Compartir información entre los especialistas fue solo el primer paso. Jorge Pizarro -ingeniero agrónomo de la Universidad Católica de Valparaíso, oriundo de Quillota, hijo de agricultores- quiere cumplir el sueño que inició hace siete años en un viaje a Santiago, antes de partir a Australia, antes de la cuenta de Facebook, cuando inscribió una fundación que hasta ahora no tiene actividad, “Agrónomos por el mundo”, con la idea de entregar educación online para los agricultores, lo que quiere materializar con la plataforma Agriversity que está desarrollando.

Ya obtuvo un fondo por 110 mil euros por parte de la aceleradora de negocios española Orizon para este proyecto y ganó una beca para ir en enero del próximo año por un mes a Singularity University -institución patrocinada por Google y la NASA-, en Silicon Valley.

-Ellos tienen una aceleradora que entrega US$ 100 mil y muchísimos contactos, y mi idea es presentarles el proyecto, para demostrar que con la educación podemos cambiar la vida de muchos agricultores en el mundo -comenta Jorge Pizarro, y añade que Agriversity es la única plataforma de educación online destinada solo a la agricultura, por lo que tiene un alto potencial de generar asociaciones estratégicas con las universidades. Si lo consigue, el objetivo es que la plataforma se financie con la venta de cursos online y una vez que genere retornos, ofrecer cursos gratuitos para los pequeños agricultores.

Aunque cree que en Chile falta que madure el mercado agrícola para el despegue de más startups del sector, dice que hay más dinamismo que hace dos años: “En el área frutícola tenemos las mismas capacidades que un país desarrollado y tanta inversión como ellos, pero en Chile hace falta un cambio de mentalidad. Las compañías dedican todos los esfuerzos a hacerlo lo mejor posible, pero si destinaran el 10% a pensar diferente y desafiar al mercado, a analizar qué pueden hacer mejor o qué nichos pueden explorar, van a encontrar un valor agregado mucho más alto”.

Agronometrics: Inteligencia de mercado

Colin Fain, hijo de padre estadounidense y madre británica, se crió en España y a los diez años se fue a vivir a Estados Unidos. Haciendo un proyecto para la cadena de abastecimiento de una empresa procesadora de café en Colorado se interesó por entender por qué un producto que costaba US$ 1 el kilo en los campos podía llegar a costar US$ 1 la taza; es decir, 18 veces más, en una cafetería. En ese momento quiso crear una empresa que se dedicara a analizar los datos de los precios para las compañías latinas que quisieran exportar a Estados Unidos.

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Atraído por los fondos de Start-Up Chile, ya lleva tres años en el país desarrollando Agronometrics, una plataforma de inteligencia de mercado en la cual trabajan siete personas y que hoy tiene a 18 empresas como clientes, la mitad de ellas en Chile y el resto repartidas en México, Guatemala, Estados Unidos, Francia y Perú.

“Damos muy poca opinión. Intentamos comunicar lo que efectivamente está pasando con datos duros, lo cual en esta industria se da muy poco, porque todo el mundo siempre tiene una opinión, pero no los datos. No es simplemente reporteo del mercado, sino que nos enfocamos en el trabajo de datos y en la tecnología que se requiere para entenderlos y comprender sus movimientos”, explica Colin Fain, sobre un método que mezcla el análisis de cifras públicas internacionales, como los informes del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) o del Ministerio de Agricultura chileno, por ejemplo, con las estadísticas de precios y ventas de cada compañía.

Hasta ahora han invertido unos US$ 80 mil, los que provienen principalmente de fondos públicos de Chile y EE.UU. Uno de sus objetivos es centrarse en los crecientes productores-exportadores, que no cuentan con un analista de mercado.

El punto más difícil en estos tres años ha sido acostumbrarse a los ciclos comerciales anuales del sector agrícola, con presupuestos anuales y no mensuales, algo difícil sobre todo al principio, cuando Agronometrics no generaba ingresos.

“También es una industria más reticente al riesgo, que está menos dispuesta a aceptar nuevas tecnologías, lo que se entiende porque es un rubro muy complejo, que depende de los riesgos meteorológicos, pero que también premia a los proyectos que son estables “, plantea Colin Fain.

Sofía: El campo en la nube

Con la idea de crear tecnología para el sector agrícola sin contaminar, en Talca, hace seis años los socios Ángel Medina, Jaime Flores, Mauricio Espinosa y Paulo Escobar crearon Reset, una plataforma para generar nuevas soluciones y dispositivos, y un centro de datos que funciona en base a energía solar.

A partir de ella, en 2012 diseñaron Sofía, un sistema que en principio buscaba reemplazar el tradicional cuaderno de campo de los productores y que se ha convertido en una herramienta de gestión integral para los predios, con la posibilidad de subir la información a la nube y manejarla a distancia en tiempo real.

La apuesta de Sofía y su diferencia con otras startups de gestión es llegar a muchos productores en distintos países, especialmente a los pequeños y medianos, ya que es gratis. De hecho, de los 800 usuarios que tienen registrados y activos actualmente, varios son de España, Venezuela y Colombia, quienes solo necesitan realizar cambios menores en algunas opciones de trabajo -como el listado de agroquímicos autorizados en cada país- para utilizarlo.

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“Nuestro objetivo es sacar el papel del campo. Definimos dejar abierto el plan básico y que quede así para siempre, porque queremos incorporar la tecnología desde los productores que tienen menos de cinco mil metros, que son los que más hay en Chile. Es parte del cambio que queremos:cortar la brecha de inclusión. Creemos que es viable y también rentable”, asegura Ángel Medina.

La fórmula para generar retornos es apostar por el volumen. Por eso, los socios aseguran que no ven a Chile como el único mercado para Sofía, sino que al menos a toda Latinoamérica, por lo que próximamente van a patentar el sistema en Estados Unidos.

También tienen planes pagados especiales para enviar informes a los usuarios que los contratan y, como complemento, venden un sistema de control de cosecha y de otras variables con los trabajadores, que opera en forma similar a la tarjeta Bip. Por estos días, además, están afinando una aplicación para celulares que permitirá ingresar los datos en el campo, que puede funcionar sin internet y que se sincroniza al conectar la red.

La primera apuesta para la internacionalización es llegar a Perú el próximo año y luego a Brasil, y en forma paralela ir incorporando los servicios que necesiten los agricultores, como la facturación electrónica.

“Al productor le interesa contratar un solo servicio, para manejar toda la gestión desde una sola plataforma. Por eso seguimos incorporando dispositivos y herramientas que se conecten con Sofía y pasen a ser parte de ella y para eso nos asociamos con otras empresas. Esa es nuestra fortaleza”, explica Ángel Medina.

Smart Clarity: Gestión y eficiencia energética

El primer emprendimiento del ingeniero comercial Matías Coll fue un sistema para mejorar la eficiencia en el retail. Si bien podría sonar parecido al foco de Smart Clarity, la plataforma de gestión y eficiencia energética que inició en 2013 junto a su padre, Alejandro Coll, se encontró con un abismo de distancia por las diferentes realidades de los sectores.

“Si se aplicara solo el 5% de lo que se hace para el retail en el rubro agrícola, habría un avance enorme en eficiencia”, asegura Matías Coll, y detalla que ya tienen 12 clientes, entre los que se cuentan empresas como Ariztía, Luchetti, Copeval, Agricom y Propal.

La idea de Smart Clarity es, por un lado, facilitar el ingreso y procesamiento de datos por parte de los trabajadores en el campo -de las cosechas, horarios, mantenciones de maquinarias y control de materiales, entre otras herramientas-, y disponer de esa información en línea para los ejecutivos de las empresas, que en muchos casos no están en el campo y necesitan manejar los datos en tiempo real para tomar decisiones.

Otro servicio es el de eficiencia energética, que aún no se incorpora en línea a Smart Clarity, pero que apunta a revisar los sistemas eléctricos de los campos y ahorrar energía.

“Hacemos una auditoría y mediciones desde el punto de vista de la calidad de la energía, el riesgo eléctrico y de continuidad del servicio, y a partir de eso vemos cómo reducir costos. Fácilmente, con esto nosotros podemos lograr 10% de ahorro”, comenta Alejandro Coll.

Pese al éxito comercial y a que han financiado el proyecto solo con recursos propios, los Coll insisten en que quieren crecer de a poco. El año pasado recibieron una oferta de un fondo de inversiones estadounidense para comprarles el emprendimiento, pero no llegaron a acuerdo. “Nuestro método ha sido partir de a poco y de acuerdo con la madurez del cliente incorporar más cosas. No es llegar y dar la súper solución, porque eso es como pasarle un Ferrari a alguien que no sabe manejar. Nosotros apostamos a la confianza y a la fidelidad”, afirma Matías Coll.

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