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Desmitificando a Chilecon Valley: las trabas que impiden que el país logre descollar en innovación

Tal como sucedió hace un par de décadas cuando a alguien se le ocurrió bautizar como Sanhattan a la incipiente zona de oficinas que se generaba en las cercanías del barrio El Golf, hace mucho menos tiempo hubo quienes comenzaron a hablar de Chilecon Valley, para referirse al también incipiente ecosistema de innovación local.

Y así como Santiago está lejos de alcanzar la densidad de los rascacielos de Manhattan, el país también parece estar a una distancia sideral de la cuna de la innovación mundial. Así por lo menos lo creen cada vez más actores que, tras los constantes y muchas veces rimbombantes discursos en torno a la innovación, ven poco avance en Chile. “Creo que hemos sido autocomplacientes y en el fondo eso no ayuda. Hay que ser más críticos, y para poder ser más crítico tienes que tener datos y eso casi no existe”, dice, por ejemplo, Julio Correa, director ejecutivo de UDD Ventures, quien agrega que quizás se ha pecado de querer “agringarse” demasiado, lo que no tiene ningún sentido, dadas las particularidades locales. “Esas cosas generan expectativas poco razonables para efectos del lugar donde estamos. Genera otro tipo de efectos también como que todavía hay emprendedores muy gringos para sus cosas, en el fondo ocupan a rajatabla los instrumentos norteamericanos como, por ejemplo, las notas convertibles, sin entender bien cómo se adecuan a la realidad chilena”, afirma.

Correa también sostiene que el ecosistema de emprendimiento nacional tiene aspectos de idiosincrasia que le han impedido consolidarse a un nivel superior y que pasan por la desconfianza y la falta de colaboración que esta conlleva. “Hay un tema muy relevante que no se habla, cuando se habla de colaboración, y es el endoso de confianza. Cuando tú colaboras con alguien, tú endosas confianza. Hay contratos implícitos, lo que debiese ocurrir en un ambiente de alta colaboración en que no firmas nada, algo que no pasa en Chile”, asegura.

En ese sentido, agrega que en la sociedad chilena históricamente ha existido esa idea de que tanto el “roto chileno” como el aristócrata funcionan muy bajo la base de “ser pillo”, lo que deja en un escenario difícil la posibilidad de entablar lazos de confianza.

Claudio Barahona, country manager de Wayra, de Telefónica, tiene igualmente un análisis crítico de la realidad local. Junto con poner en evidencia el bajo nivel de inversión de venture capital -que representa apenas el 0,014% del total mundial-, asegura que tampoco existen los suficientes recursos humanos. “Probablemente si Mark Zuckerberg hubiese nacido en Santiago, no hubiese podido crear Facebook, porque no tendría el talento disponible para hacerlo. Es decir, no tenemos los seis mil ingenieros, data scientist altamente especializados, expertos en inteligencia artificial o la cantidad necesaria de desarrolladores de aplicaciones móviles para crear una compañía a nivel mundial tipo Facebook, simplemente porque no existe esa cantidad de expertos disponible en el país. Comparativamente, es muy difícil”.

Otro factor clave que a juicio de Barahona todavía deja mucho que desear en el ecosistema nacional es el de la apertura del círculo. “Acá aún hay poca cultura de apertura. Estamos acostumbrados a hacer negocios entre nosotros mismos, con los mismos de siempre y encerrados entre cuatro paredes. Se debe perder el miedo a innovar y a invertir en innovaciones, colaborar con otros y mirar más allá de las fronteras de nuestras empresas. Debemos potenciar, por ejemplo, lo que es Santiago o nuestras ciudades y convertirlas en un polo de innovación con identidad propia; no un polo tratando de copiar a otros países”, afirma.

Innovación para la foto

Para el líder de innovación de ChileCompra, Cristián Carreño, se ha apostado por una especie de extrema banalización de lo que la innovación significa, por “realzar el glamur, la foto, pero dejando de lado el énfasis de apoyar al emprendedor más anónimo”.

Comenta que a su juicio el escalamiento que debiese ser la piedra angular para desarrollar un ecosistema sólido ha quedado en un segundo plano, por una cierta cultura de “eventos” que se ha generado. “Además, en los eventos y en las fotos te tiendes a topar con la misma gente”, agrega.

Junto con eso, cree que los actores del ecosistema chileno tienden a apropiarse de conceptos porque están “de moda”, aunque a veces no los entienden del todo. “Eso tiene que ver con un tema cultural y con cierta falta de entendimiento común de qué es emprendimiento o innovación. Caemos en la palabra de moda… ahora es “Transformación Digital“, un concepto que muchos están usando, pero que pocos lo relacionan con el cambio profundo que hay que hacer a nivel de capital humano en las empresas”, dice.

Si bien los expertos coinciden en que Chile no debe tratar de seguir el mismo camino de Silicon Valley, sí coinciden en que hay muchas cosas por mejorar si se quiere consolidar como una potencia en innovación. Esto, especialmente dado el impulso que están teniendo países como Colombia, México, Argentina y Brasil. “Uno podría pensar que dada su estabilidad política y económica y su facilidad para hacer negocios, Chile podría estar mejor posicionado que Brasil o México en temas como el acceso al financiamiento, pero no es así, y eso no habla bien de nosotros”, afirma Carreño.

Relación endogámica

Los expertos coinciden en que en el ecosistema local existe poca apertura, en el sentido de que generalmente se hacen negocios entre los mismos y no se buscan más alternativas. Asimismo, comentan que se ha banalizado el concepto de innovación, sin darle mayor sustento.

Fuente: El Mercurio

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