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¿Demanda la formación en innovación nuevos paradigmas?

Hoy, los jóvenes poseen objetivos de vida distintos a quienes los han precedido, pareciendo ser su anhelo de marcar diferencias en la sociedad actual más palpable en comparación a generaciones anteriores. Frente a ello, mejores y mayores competencias en innovación por cierto contribuirían al deseo de la juventud actual de impactar en la sociedad actual, en particular, mirando hacia el bienestar social. Sin embargo, la concreción de tales intenciones no siempre encuentra los canales adecuados, necesitando de procesos de formación que respondan a características particulares.

Es por ello que resulta conveniente revisar las condiciones en las cuales se desarrollan los procesos de formación de quienes acuden a la universidad en búsqueda de respuestas. No pocas veces quienes nos desempeñamos en calidad de docentes universitarios somos criticados por un excesivo uso de ejercicios de bajo impacto real cuya resolución genera desmotivación en los estudiantes dado el bajo nivel de aplicación percibido, perjudicando no sólo sus procesos de aprendizaje, sino también su construcción de competencias.

Luego, cobra valor abordar problemas de carácter práctico real, perfilados en ambientes externos al aula, de manera que el estudiante perciba el real impacto de su acción, y sienta que las nuevas competencias y conocimientos que está adquiriendo le darán la oportunidad futura de contribuir a la sociedad. El aprendizaje tendrá lugar de forma más rápida y eficaz en la medida que el estudiante se sienta altamente motivado, motivación que, en algunos casos, lleva incluso a un aprendizaje más allá de lo requerido por la asignatura.

Asimismo, en más de alguna oportunidad, desde la universidad, la crítica de los estudiantes se extiende al distanciamiento registrado en término de su relación hacia con las y los docentes, el cual se ve aún más acentuado por el uso de metodologías pedagógicas excesivamente expositivas las cuales conllevan la construcción de espacios de interacción vacíos entre docente y estudiante que de una u otra forma afectan el empoderamiento futuro de estos últimos.

En tal sentido, una posible mayor empatía por parte del pedagogo, en el marco de las normas de respeto que siempre deben existir en la relación entre docente y estudiante, hacia la situación de la alumna o el alumno, permitirían una mejor comprensión de los valores en los cuales encuentran las y los estudiantes su motivación.

Aunque en primera instancia algunos pudiesen considerar marginal el valor de recordar por parte del docente el nombre del estudiante, de un simple saludo de pasillo, o del uso de un lenguaje empático en la entrega de una crítica hacia el rendimiento del estudiante, no son menores las diferencias que tales puntos pueden generar en los procesos de formación del estudiante, luego en sus futuras competencias innovadoras, empoderamiento individual y creencia en su propia iniciativa.

De esta manera, los procesos de formación demandan hoy nuevos paradigmas sustentados en el uso de metodologías docentes con acento en el aprendizaje práctico y en un mayor nivel de empatía hacia el estudiante, beneficiando finalmente al bienestar y crecimiento de nuestro país.

 

Pablo Catalán M., PhD

Departamento de Ingeniería Industrial, Universidad de Concepción

Centro de Estudios de Sistemas de Innovación (CIS2)

 

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