Ciertamente nuestro país está viviendo una transición hacia uno digitalizado, en el que las TICs juegan un rol clave y se convierten en el canal para que todas las industrias del país puedan obtener ventajas y convertirse en unas más eficientes, productivas y competitivas.

Según un estudio realizado por la Subsecretaría de Telecomunicaciones, el acceso de los chilenos a Internet alcanza a los 13,1 millones de personas conectadas a la red, lo que equivale a un 74,2% de la población. Por otro lado, la conexión por servicios de TV de pago arrojó una penetración de 53,2% a fines de 2015, con un crecimiento de 4,7% durante el año. Asimismo, el 62% de los hogares chilenos cuenta con acceso propio a internet, un 12% menos que el promedio de la OCDE, pero 27% más que el promedio de Sudamérica.

De hecho, el último estudio de Índice de Interconexión del Foro Económico Mundial, ubicó a Chile en el lugar n° 38 del ranking entre 139 países alrededor del mundo y el líder en América Latina.

Y es que en Chile no somos muy abiertos a los cambios, y si estos parecen más un riesgo, que un beneficio, no se realizarán. De este modo, los sistemas internos continúan funcionando y esta no-detención de sus labores se entiende como un trabajo óptimo, cuando en realidad se está olvidando que incorporar la tecnología entre sus líneas significará una mejoría en todo sentido. Ésta va desde el acercamiento interno entre las distintas unidades de trabajo; la inmediatez en la entrega de respuestas y de información, debido a la existencia de datos almacenados en la nube; conectividad; seguridad y más.

Nos urge además porque el país necesita salir del subdesarrollo. No podemos seguir desaprovechando las oportunidades y desafíos que implican los avances en materia digital y en telecomunicaciones.

Tampoco basta con estar posicionados como el país más interconectado de Latinoamérica ni ubicarnos en el n°38 entre 139 países alrededor del mundo si no tenemos una estructura de conectividad interna apropiada a las situaciones y necesidades de los chilenos. Sabemos que al respecto el país se está quedando atrás, porque, aunque tengamos internet en el teléfono, dispositivos modernos y tengamos un buen avance en comparación a nuestros vecinos, el camino es largo aún y la tecnología no se ha incorporado lo suficiente a la economía, a la modernización del Estado, a la conectividad regional y humana.

Hoy debemos dar el salto y emprender una verdadera revolución en materia de accesos a servicios de telecomunicaciones por parte del gobierno y privados, en pro de generar un impacto positivo en el desarrollo productivo y de conexión a lo largo de Chile. Los actores deben estar comprometidos y realizar inversiones públicas y privadas para acortar la brecha digital con el objetivo de conectar a los chilenos que estén fuera del mundo global y así lograr, en nuestro país, una equidad para todos.

Jaime Soto, Secretario General ACTI

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