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Colaborar para innovar: apuesta clave en la agricultura de Chile

Por Gala García Imbernón, directora Symborg LATAM

Siempre he considerado que la innovación es un reto global en el que forman partes muchos agentes. Para que la innovación suceda no sólo debe haber productos innovadores; también agricultores innovadores dispuestos a usarlos para mejorar. Nos retroalimentamos unos a otros y somos todos necesarios. También incluyo en esto a la investigación pública. Y es, precisamente, de la colaboración público-privada de lo que quería hablarles hoy.

Mi última experiencia en este sentido ha sido con el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) de Chile. Recuerdo la primera vez que contacté con ellos para hablarles del biofertilizante BlueN de Symborg. Recibí la respuesta de Karla Cordero, encargada del Programa de Mejoramiento Genético de arroz del INIA, y fue muy clara: “Por supuesto que estoy interesada, mi objetivo es promover un cultivo de arroz mucho más sostenible y que se diferencie del resto del mundo, porque aquí, en Chile, podemos hacerlo”. Me pareció fascinante su actitud rápida, eficiente y comprometida.

Reconozco que fue una sorpresa que un instituto de investigación público pudiera estar tan interesado en buscar soluciones sostenibles y hacerlo con una mentalidad especialmente enfocada no sólo a la agricultura en sí misma, sino también a los productores privados: “Hay grandes empresas productoras de arroz en Chile buscando producir un arroz sin residuos, un arroz para exportar, un arroz diferente y referente y todo lo que yo pueda hacer, por facilitarles esa búsqueda, estoy dispuesta a evaluarlo”, continuó Karla en nuestra conversación. Me encantaba lo que estaba escuchando.

En realidad, todos los agentes implicados en el reto de diseñar la agricultura del siglo XXI compartimos necesidades. Soluciones para afrontar el cambio climático, producir utilizando menos agua y haciendo un mejor aprovechamiento de esta, buscar la aplicación de menos productos químicos a los cultivos, tener una visión enfocada en “mejor prevenir que controlar enfermedades”, buscar variedades resistentes a las condiciones y analizar cómo pueden verse impulsadas por nuevas tecnologías.

Y es que, en realidad, todos los agentes implicados en el reto de diseñar la agricultura del siglo XXI compartimos necesidades. Soluciones para afrontar el cambio climático, producir utilizando menos agua y haciendo un mejor aprovechamiento de esta, buscar la aplicación de menos productos químicos a los cultivos, tener una visión enfocada en “mejor prevenir que controlar enfermedades”, buscar variedades resistentes a las condiciones y analizar cómo pueden verse impulsadas por nuevas tecnologías… En todos estos estos temas llevábamos años trabajando INIA como Instituto de investigación y Symborg como empresa de biotecnología agrícola. ¿Por qué no hacerlo en colaboración?

Cuando cosechamos los primeros resultados de BlueN sobre arroz en plena pandemia – conseguimos mostrar que reduciendo un 40% la fertilización nitrogenada química y aportándola de forma biológica gracias a la bacteria conseguías las mismas producciones-, Karla no dudó en ponernos en contacto con compañeros e investigadores de otras especies, afirmando que estas herramientas eran el futuro de la agricultura de Chile. Replicar estos resultados en cultivos y también en frutales sería la clave para mostrar que otra agricultura más sustentable es posible.

Gala García Imbernón, directora Symborg LATAM

¿Y cómo llega todo este trabajo del INIA a los campos de los productores? Gracias a la transferencia tecnológica. Así nos lo contaba Iván Matus en la última visita que realizamos al INIA de Chillán, donde también se están realizando validaciones en trigo con nuestra cepa de hongo formador de micorrizas (Glomus iranicum) y con la bacteria fijadora de Nitrógeno (Methylobacterium symbioticum) para mostrar la efectividad en ese cultivo y poder ofrecer alternativas sostenibles a los productores de Trigo. “La transferencia de la información y la tecnología es fundamental para el INIA. Muchos productores vienen a pedirnos consejo, a consultarnos por nuevas herramientas del mercado, y nosotros hacemos todo este trabajo para mostrarles que se puede, y que puedan tener las soluciones validadas en sus condiciones y aplicadas a sus realidades”.

La innovación es cosa de todos y, hoy, mi reconocimiento va al INIA y a su equipo; profesionales preocupados por trabajar para una agricultura con más y mejores resultados. Para una agricultura sostenible. Para ser un valor en Chile. Enhorabuena y gracias por apostar por la colaboración público-privada; sin duda, un binomio estratégico en el diseño de la agricultura del siglo XXI.

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